La Sala I de la Cámara de Apelaciones de Santa Rosa -integrada de forma unipersonal por la jueza Marina E. Álvarez- rechazó un recurso interpuesto por un progenitor que pretendía suspender o rever las exigencias impuestas en primera instancia para acreditar el avance de su tratamiento psicológico
En su presentación, el hombre alegó una “evidente asimetría de tratamiento procesal” y sostuvo que la jueza de origen incurrió en una “mirada reduccionista de la conflictiva familiar, al atribuir la totalidad de la responsabilidad a uno solo de los progenitores”
El hombre sostuvo que la obligación de demostrar continuidad en los espacios terapéuticos recaía únicamente sobre su persona
A su vez, respecto a la resistencia de la menor a revincularse con la figura materna, el recurrente pretendió justificar que no obedecía a maniobras de obstrucción, sino a los "temores concretos vinculados a experiencias previas vividas durante la convivencia materna"
Al evaluar las constancias de la causa, las autoridades judiciales constataron que el accionar del padre no buscaba restablecer el bienestar de los menores
La maniobra fue calificada por los organismos oficiales como un acto que "importó un nuevo obstáculo para la revinculación familiar y una profundización del aislamiento de la niña respecto de su grupo de pertenencia", evidenciando la clara "intención de romper el lazo entre E., su madre y sus hermanos"
Asimismo, las declaraciones recopiladas por los profesionales que intervinieron en los abordajes del año 2026 exponen episodios gravísimos
Las niñas expresaron "temor a expresar libremente su voluntad por miedo a enojos, silencios permanentes, gritos y amenazas", según se desprende de la causa.
Por su parte, describió situaciones de violencia directa dentro del vehículo del progenitor: "El padre las cruza, la subiría a la camioneta y la habría comenzado a insultar en la camioneta y dentro de la casa, gritar, 'si yo te pudiera cagar a palos' mientras la tironeaba y golpeaba con el dedo índice"
Las presiones emocionales también quedaron registradas en las vivencias de otra de las menores, quien confesó que el padre "le habría puesto caras y horario" cuando expresaba querer ir con su madre, indicándole "que si ya había perdido la confianza" para forzarla a quedarse a dormir