El presidente de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de la Magistratura, Horacio Rosatti, recibió el Premio AMIA en vísperas de Rosh Hashaná y, en su discurso, llamó a recuperar la introspección frente al impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial.
El ministro sostuvo que esas herramientas multiplican la comunicación y las respuestas posibles, pero no garantizan vínculos profundos ni sustituyen las “respuestas propias”.
El acto anual de la Asociación Mutual Israelita Argentina se realizó en el Faena Art Center, a poco más de una semana del Año Nuevo judío, que este año comienza al atardecer del 11 de septiembre. Rosatti fue el orador principal.
En el tramo central de su intervención, Rosatti separó la utilidad de la tecnología de lo que, a su juicio, no puede reemplazar. Internet, señaló, permite “vencer todas las distancias” y establecer comunicación en tiempo real, “pero eso no nos garantiza relaciones profundas entre los seres humanos”.
El Gran Rabino Eliahu Hamra y el titular de la AMIA, Osvaldo Armoza, le entregaron la distinción, simbolizada por un shofar, el instrumento de viento que ocupa un lugar central en los rituales más solemnes del judaísmo.
Tras agradecer la invitación y el reconocimiento, el presidente de la Corte planteó que el hombre contemporáneo “ha perdido en gran medida la capacidad de la introspección”. Según dijo, abrumado por la rutina y “aturdido muchas veces por las redes sociales”, dispone de más instrumentos para comunicarse, pero sus relaciones “no son tan profundas como podían serlo en otra época”.
Recurrió a la imagen freudiana del hombre como “una especie de Dios con prótesis”. Si Sigmund Freud viviera hoy, con internet y con inteligencia artificial, “diría que las prótesis son casi infinitas”, afirmó.
El supremo advirtió, de todos modos, que se trata de extensiones artificiales. Como le ocurrió a Ícaro cuando olvidó que las alas con las que se elevaba podían derretirse con el sol, “es muy importante la capacidad de recogerse sobre uno mismo, de hacer ese viaje interior, esa introspección para generar un cambio posible”.
En el tramo central de su intervención, Rosatti separó la utilidad de la tecnología de lo que, a su juicio, no puede reemplazar. Internet, señaló, permite “vencer todas las distancias” y establecer comunicación en tiempo real, “pero eso no nos garantiza relaciones profundas entre los seres humanos”.
La inteligencia artificial, agregó, “nos puede dar todas las respuestas posibles, o casi todas, pero no van a ser nuestras respuestas y lo que necesitamos son respuestas propias y profundas”.
Vinculó esa idea con el sentido de Rosh Hashaná. La festividad, dijo, permite “a través de este viaje de introspección analizar nuestras conductas pasadas y procurar ser una mejor persona hacia el futuro y generar así una sociedad mejor”.
Al entregar el premio, el Gran Rabino Hamra coincidió en esa lectura. Recordó que en pocos días la comunidad se reunirá en los templos para escuchar el shofar, un sonido simple que “llama a la reflexión, a nuestra alma a despertar” y a revisar “qué tenemos para mejorar y qué debemos corregir”. Como había señalado el presidente de la Corte, agregó, “nunca el ser humano pierde la capacidad de renovarse”.
Al encuentro asistieron autoridades religiosas, dirigentes políticos, referentes del sector empresarial e integrantes del Poder Judicial. El director ejecutivo de la AMIA, Daniel Pomerantz, presentó a Rosatti como orador principal.