
Una joven de Bariloche vivió una situación inesperada tras adquirir un vehículo usado: apenas pudo utilizarlo durante tres días antes de que comenzaran a aparecer fallas graves. Lo que había sido el resultado de años de ahorro terminó convirtiéndose en un problema mecánico persistente.
Según se desprende del expediente, el auto, un Volkswagen Gol comprado en una concesionaria local, fue ofrecido como una unidad en buen estado y con garantía, lo que motivó la operación. Sin embargo, a pocos días de retirarlo, el tablero indicó una falla en el motor acompañada por un aumento de temperatura.
La pericia mecánica concluyó que el arreglo realizado solo solucionó parcialmente una falla del sistema de refrigeración, pero dejó sin resolver un defecto relevante del motor, por lo que el vehículo no reunía condiciones aptas para su uso.
El diagnóstico inicial fue contundente: la junta de la tapa del motor estaba dañada y la tapa de cilindros presentaba deterioro, una pieza clave para el funcionamiento del vehículo, ya que se encarga de sellar el motor y mantener separados el aceite y el sistema de refrigeración.
La reparación demandó más de un mes. Al momento de la entrega, desde el taller se aseguró que el inconveniente había sido solucionado, pero el problema reapareció en cuestión de días y el vehículo comenzó a emitir humo blanco y a consumir aceite y agua en exceso, signos de una falla interna de mayor gravedad.
Ante la falta de respuestas efectivas, la compradora recurrió a un taller particular donde le advirtieron que la reparación necesaria implicaba un costo elevado, cercano a la mitad del valor del vehículo.
Por su parte, la empresa argumentó que los daños posteriores se debían a un golpe ocurrido después de la entrega. Sin embargo, esa explicación no prosperó. La pericia técnica determinó que el motor presentaba un desgaste previo a la compra y que el consumo de aceite era un problema preexistente que no fue abordado en la reparación inicial.
La pericia mecánica concluyó que el arreglo realizado solo solucionó parcialmente una falla del sistema de refrigeración, pero dejó sin resolver un defecto relevante del motor, por lo que el vehículo no reunía condiciones aptas para su uso.
El juez interviniente encuadró la situación dentro de la normativa de defensa del consumidor y consideró que la garantía no fue cumplida de manera adecuada.
En ese sentido, remarcó que una reparación que no restituye el funcionamiento normal del bien no satisface la obligación del proveedor.
Por lo expuesto, el magistrado ordenó a Taraborelli Automobile S.A. entregar un vehículo de características similares, retirar la unidad defectuosa y abonar una indemnización por los daños ocasionados, incluyendo la imposibilidad de uso. Además, se aplicó una multa civil por la falta de respuesta ante los reclamos de la clienta.