
El Juzgado de Primera Instancia Civil y Comercial de 51° Nominación de la ciudad de Córdoba rechazó una demanda de daños y perjuicios de un motociclista quien fue parte de un accidente de tránsito con un automóvil.
Todo se originó en 2018, cuando la motocicleta Yamaha FZ del demandante colisionó en la Av. Bodereau con un Toyota Corolla conducido por el demandado. El motociclista alegaba que el auto lo había encerrado para estacionar, provocando el impacto que le causó graves lesiones: fracturas faciales, pérdida de piezas dentarias y una incapacidad laboral del 45%.
El demandado, en cambio, sostuvo que el motociclista intentó un sobrepaso por la derecha —maniobra prohibida por la ordenanza municipal— y que además circulaba sin casco reglamentario. El perito accidentológico concluyó que el rodado realizó un adelantamiento por la derecha y fue el vehículo embistente, mientras que el automóvil resultó embestido.
En el caso hubo dos versiones de los hechos: por un lado, la de una mujer que viajaba en el automóvil —exesposa del demandado— y, por otro, la de un presunto transeúnte ocasional presentado por el motociclista. El juez concluyó que la primera resultó más persuasiva que la del testigo “desinteresado".
En este marco, el juez Gustavo Massano recordó que la única forma legal que tienen las motocicletas para adelantar a un vehículo que circula en el mismo sentido es por la izquierda y que, por definición legal, un carril está destinado al tránsito de una sola hilera de vehículos; por ende, no es lícito que una moto y un auto circulen de manera paralela dentro de la misma franja.
Asimismo, destacó que, si un automóvil circula por el carril adyacente al cordón de la acera derecha, "no existe posibilidad legalmente permitida" para que una motocicleta intente pasar entre el auto y la vereda. Por último, el magistrado aseguró que el conductor que circula por la derecha tiene el deber de cuidar su frente y su lateral izquierdo; un sobrepaso por la derecha resulta una maniobra "sumamente arriesgada e ilícita" que no debe ser prevista por quien conduce correctamente por su carril.
En el caso hubo dos versiones de los hechos: por un lado, la de una mujer que viajaba en el automóvil —exesposa del demandado— y, por otro, la de un presunto transeúnte ocasional presentado por el motociclista. El juez concluyó que la primera resultó más persuasiva que la del testigo “desinteresado”: "El examen del valor persuasivo depende de la ponderación sobre cómo el declarante adquirió, organizó, guardó y recuperó la información que aporta. Y, desde esta perspectiva, aunque la organización de su conocimiento pudo estar influenciada por su interés, lo cierto es que el valor de cómo lo adquirió —por haber estado a centímetros del impacto e importar un hecho de relevancia en su vida—, sumado a la coincidencia de su relato con otras constancias de la causa, terminan sopesando los valores en conflicto de la declaración en beneficio de su credibilidad”.