La intención del Gobierno Nacional de eliminar el sistema de precio uniforme de los libros reabrió un debate que parecía saldado desde que se sancionó, en 2001, la Ley de Defensa de la Actividad Librera (Ley 25.542). El anteproyecto impulsado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado y que recibió el rechazo tajante y unánime de todo el ecosistema del libro, todavía no está cerrado, pero propone que cada punto de venta pueda aplicar libremente descuentos y promociones.
La ley vigente no establece precios oficiales. Su artículo primero dispone que cada editor, importador o representante debe fijar el precio de venta al público de los libros que edite o importe. Una vez determinado, ese importe debe ser respetado por librerías, cadenas, supermercados y plataformas. La norma admite descuentos de hasta el 10% en ferias y ventas a bibliotecas o instituciones culturales, y contempla excepciones para libros usados, antiguos, fuera de catálogo y determinados saldos.
Los argumentos a favor de la derogación
La principal objeción es que el sistema elimina la competencia de precios. Una librería que reduzca sus costos, consiga mejores condiciones comerciales o decida resignar una parte de su margen no puede trasladar esa ventaja al lector.
Desde esta posición, la protección de las librerías es financiada indirectamente por el consumidor, que queda privado de promociones que sí existen en otros mercados. Si el Estado considera necesario sostener comercios independientes, autores o editoriales pequeñas, podría recurrir a beneficios fiscales, créditos, compras para bibliotecas o subsidios transparentes, en lugar de prohibir que alguien venda un libro más barato.
La experiencia de Dinamarca ofrece elementos a favor este argumento. Allí, la fijación de precios fue debilitada desde 2000 y eliminada por completo en 2011. Una evaluación citada por la OCDE estimó que los precios reales bajaron alrededor del 5% entre 2000 y 2013 y que las primeras ediciones publicadas crecieron cerca del 40%. En 2019 se vendían aproximadamente 50% más unidades que en 2001.
La misma experiencia, sin embargo, muestra un costo: la cantidad de librerías especializadas danesas cayó alrededor del 30%, aunque aumentó el número total de puntos de venta porque los libros comenzaron a comercializarse en supermercados y otros establecimientos no especializados. La lectura se mantuvo estable y continuó creciendo la publicación de nuevos títulos.
El caso permite sostener que la liberalización puede abaratar determinados libros y ampliar los canales de acceso, pero también transformar profundamente la estructura comercial.
Los argumentos a favor de mantener la Ley de Defensa de la Actividad Librera y el precio uniforme
Los defensores de la Ley 25.542 responden que las librerías no compiten en condiciones equivalentes. Una plataforma o un supermercado puede ofrecer best sellers con márgenes mínimos para atraer compradores hacia otros productos. La librería independiente en cambio, necesita de esas ventas para financiar su funcionamiento y mantener en sus estanterías títulos de menor circulación y rentabilidad.
Un estudio de Rhys J. Williams, publicado en 2024 en el Journal of Competition Law & Economics, analizó los 27 países de la Unión Europea y el Reino Unido. Para el período 2008-2019 estimó que los países con precio uniforme registraron un volumen de ventas 16,1% superior al de aquellos sin ese régimen. También encontró una menor concentración del comercio y un promedio aproximado de 0,636 empresas libreras adicionales por cada 100.000 habitantes.
En materia de precios, el estudio obtuvo inicialmente un crecimiento 6,9% menor en los países regulados. Sin embargo, al ampliar la serie a 1996-2020, el autor adoptó una conclusión más cautelosa: no encontró evidencia robusta de que el precio uniforme hiciera crecer los precios más rápido ni más lentamente.
El trabajo tiene limitaciones. Las ventas fueron aproximadas mediante la facturación de librerías especializadas ajustada por inflación y no mediante la cantidad exacta de ejemplares. Además, durante el período principal hubo pocos cambios legislativos que permitieran comparar países, y el resultado sobre la cantidad de librerías perdió significación estadística en algunas de las pruebas de robustez.
La libertad de descuentos puede reducir el precio de los títulos más populares, aumentar las ventas y multiplicar los lugares donde se consiguen libros. Por otro lado, el precio uniforme puede sostener una red más atomizada de librerías, estimular la venta de obras menos conocidas y trasladar la competencia desde el precio hacia la atención, la recomendación y la variedad de títulos.
Una investigación de Christos Genakos, Mario Pagliero, Lorien Sabatino y Tommaso Valletti estudió la ley italiana que, desde septiembre de 2011, limitó los descuentos. Los autores analizaron datos mensuales de todos los libros vendidos entre 2009 y 2014 y compararon Italia con la región de habla italiana de Suiza, donde no regía esa regulación.
El precio final aumentó en promedio 1,4%. En las librerías independientes, el incremento fue del 7,8%, mientras que en las cadenas y el comercio electrónico los precios permanecieron prácticamente estables, con una variación de -0,6%. La regulación no produjo un aumento significativo en la cantidad de nuevos títulos publicados.
Pero la cantidad de títulos diferentes efectivamente vendidos creció 25,5% en el conjunto del mercado y 37,9% en las librerías independientes. También disminuyó la concentración de las ventas en los libros más populares y aumentó la presencia de obras antiguas y de editoriales chicas.
La libertad de descuentos puede reducir el precio de los títulos más populares, aumentar las ventas y multiplicar los lugares donde se consiguen libros. Por otro lado, el precio uniforme puede sostener una red más atomizada de librerías, estimular la venta de obras menos conocidas y trasladar la competencia desde el precio hacia la atención, la recomendación y la variedad de títulos.
Los autores encontraron, además, un aumento del 7,3% en el empleo de las librerías y concluyeron que la mayor variedad y los servicios ofrecidos habrían compensado para los lectores el incremento de precios. Reconocen, no obstante, que la mejora en la calidad del servicio no fue medida causalmente de manera directa y que el comercio electrónico italiano todavía tenía una presencia limitada durante el período analizado.
La iniciativa impulsada por Federico Sturzenegger recibió un rechazo prácticamente unánime de las instituciones que integran el ecosistema del libro. En una declaración conjunta, la Cámara Argentina del Libro, la Cámara Argentina de Publicaciones, la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines y numerosas entidades de libreros, editores, escritores, ilustradores, gestores de derechos y ámbitos académicos cuestionaron la derogación de la Ley 25.542. Entre los firmantes también se encuentran la Cámara Argentina de Librerías Independientes, CADRA, la Unión Argentina de Escritoras y Escritores, la Sociedad Argentina de Escritores, PEN Argentina, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina y la Carrera de Edición de la Universidad de Buenos Aires. Las organizaciones afirmaron que la propuesta no fue reclamada por autores, editores, distribuidores ni libreros y advirtieron que, lejos de abaratar los libros, podría debilitar una red comercial y cultural que lleva décadas construir.
Dos beneficios y dos riesgos
La evidencia internacional no permite afirmar que la derogación vaya a destruir necesariamente a las librerías chicas ni tampoco que el mantenimiento de la ley garantice libros baratos. Muestra, más bien, una tensión concreta.
La libertad de descuentos puede reducir el precio de los títulos más populares, aumentar las ventas y multiplicar los lugares donde se consiguen libros. Por otro lado, el precio uniforme puede sostener una red más atomizada de librerías, estimular la venta de obras menos conocidas y trasladar la competencia desde el precio hacia la atención, la recomendación y la variedad de títulos.
La decisión legislativa exige determinar si esa limitación a la competencia resulta necesaria y proporcional para proteger un bien cultural, o si existen herramientas menos restrictivas. Antes de derogar la Ley 25.542 o conservarla sin modificaciones, sería razonable producir datos específicos sobre el mercado argentino: precios, márgenes, concentración, cierres de librerías, participación de las plataformas y circulación de títulos.
El debate no enfrenta a quienes defienden los libros con quienes defienden a los lectores. En realidad enfrenta dos maneras distintas de protegerlos: facilitar descuentos inmediatos a favor del bolsillo de los lectores o preservar un ecosistema editorial diverso. La experiencia internacional demuestra que cualquiera de las dos decisiones tiene beneficios, pero también costos que no deberían ocultarse detrás de consignas.
Notas sobre los estudios citados
1. Estudio comparativo sobre el precio uniforme en Europa. Rhys J. Williams, “Empirical Effects of Resale Price Maintenance: Evidence from Fixed Book Price Policies in Europe”, Journal of Competition Law & Economics, vol. 20, números 1-2, marzo-junio de 2024, pp. 108-136. DOI: 10.1093/joclec/nhae004. El artículo fue recibido en septiembre de 2023, aceptado en febrero de 2024 y publicado el 30 de marzo de ese año.
El trabajo utiliza datos anuales de los 27 países de la Unión Europea y el Reino Unido. El período principal abarca de 2008 a 2019, con una serie ampliada sobre precios correspondiente a 1996-2020. La base incluye 336 observaciones país-año para precios y 289 para el indicador de ventas. La metodología empleada es un modelo de efectos fijos por país y año, basado en las variaciones en la adopción o eliminación de los regímenes de precio uniforme.
En su especificación preferida, el autor estimó que los países con precio uniforme registraron un volumen de ventas 16,1% superior. No encontró un efecto robusto y apreciable sobre el precio promedio al considerar la serie más extensa. También calculó una reducción de 0,118 puntos en el índice Herfindahl-Hirschman, indicador de concentración, y 0,636 empresas libreras adicionales por cada 100.000 habitantes. Este último resultado dejó de ser estadísticamente significativo al aplicar una de las pruebas más exigentes de robustez.
El “volumen de ventas” no representa un conteo directo de ejemplares, sino la facturación de las librerías especializadas ajustada por la inflación de los libros. El estudio no incluye completamente las ventas realizadas en supermercados y otros comercios generales. El propio autor advierte que trabaja con datos agregados y con un número limitado de países que modificaron su política durante el período, principalmente Eslovenia, que adoptó el régimen, y Dinamarca, que lo abandonó.
2. Investigación sobre la Ley Levi italiana. Christos Genakos, Mario Pagliero, Lorien Sabatino y Tommaso Valletti, “Cultural Exception? The Impact of Price Regulation on Prices and Variety in the Market for Books”, Centre for Economic Performance, London School of Economics, CEP Discussion Paper Nº 2085. Fue difundido inicialmente el 19 de marzo de 2025 y la versión consultada está fechada en septiembre de 2025. Se trata de un documento de trabajo académico, no de un artículo publicado en una revista científica.
Los autores estudiaron la aplicación de la Ley Levi, que desde septiembre de 2011 limitó los descuentos sobre los libros en Italia. Utilizaron datos de GfK sobre el universo de títulos comercializados entre enero de 2009 y diciembre de 2014. La base principal contiene más de 15,1 millones de observaciones de ventas, precios, descuentos y características de los libros. Algunas pruebas ampliadas alcanzan 32,4 millones de observaciones, correspondientes a 645.018 ISBN.
La metodología principal fue una comparación de diferencias en diferencias: la evolución italiana antes y después de la ley fue contrastada con la del mercado suizo, donde también se vendían libros en italiano pero no se aplicó la misma reforma. El estudio separó las librerías independientes de las cadenas, supermercados y comercios electrónicos. Durante el período analizado, las ventas en línea representaban aproximadamente el 10% del mercado italiano, por lo que los autores advierten que el comercio electrónico todavía tenía una importancia menor que la actual.
La regulación produjo un aumento promedio de los precios finales de 1,4%. El efecto fue muy diferente según el canal: los precios subieron 7,8% en las librerías independientes, mientras que en cadenas y comercio electrónico disminuyeron levemente, alrededor de 0,6%. Los editores no modificaron significativamente los precios de tapa; el efecto provino de la reducción de los descuentos otorgados por los comercios.
La ley no provocó un aumento estadísticamente significativo en la cantidad de nuevos títulos publicados. En cambio, la variedad de títulos que efectivamente consiguió alguna venta creció 25,5% en el conjunto del mercado y 37,9% en las librerías independientes. También disminuyó la concentración de las compras en los cien libros más vendidos y aumentó la circulación de obras más antiguas o pertenecientes a editoriales de menor tamaño.
El empleo en librerías aumentó, según la estimación, 7,3%, mientras que la cantidad de empresas en funcionamiento prácticamente no se modificó. Para esta parte, los autores compararon las librerías con las papelerías italianas, utilizadas como sector de control.
El modelo de bienestar calculó que el efecto exclusivamente atribuible al aumento de los precios ocasionó pérdidas de entre 39 y 52 millones de euros, según la especificación empleada. La mayor variedad y el denominado “esfuerzo comercial” habrían generado beneficios de entre 108 y 245 millones. El resultado neto estimado fue positivo, entre 68 y 192 millones de euros durante los dos años posteriores a la reforma. En el modelo de referencia organizado por géneros, la pérdida por precios fue de 39 millones, el beneficio por servicios y variedad de 116 millones, y el saldo neto de 77 millones de euros, equivalente a un incremento del excedente del consumidor de 1,2%.
Ese cálculo debe interpretarse con prudencia. El “esfuerzo comercial” —recomendaciones, actividades, atención y promoción de títulos— no fue observado directamente, sino inferido mediante un modelo económico a partir de cambios en las decisiones de compra que no se explicaban solamente por los precios. Por eso, los resultados sobre bienestar dependen en mayor medida de los supuestos metodológicos que las estimaciones sobre precios y variedad.
3. Experiencia de liberalización del mercado danés. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, “Competition Issues in Books and e-Books”, OECD Roundtables on Competition Policy Papers, Nº 271, OECD Publishing, París, 2021. DOI: 10.1787/f76ca28e-en. El documento resume una audiencia celebrada el 29 de noviembre de 2021 y fue finalizado por la Secretaría de la OCDE en octubre de 2022. No es, por sí mismo, un estudio econométrico, sino una síntesis de exposiciones y antecedentes presentados ante el organismo.
Dinamarca inició la liberalización en 2000, cuando eliminó la exclusividad de las librerías especializadas. En 2001, la fijación de precios por los editores se volvió optativa; en 2006 quedó limitada al 10% de las novedades, y en 2011 fue eliminada completamente.
Una evaluación de 2013 citada por la OCDE calculó que, desde 2000, los precios reales de los libros habían descendido aproximadamente 5%, mientras que las primeras ediciones publicadas habían aumentado alrededor de 40%. El beneficio anual para los consumidores fue estimado en unos 10 euros por cada integrante adulto de la población.
Los datos actualizados presentados durante la audiencia indicaron que en 2019 se vendían aproximadamente 50% más unidades que en 2001. La cantidad de librerías especializadas —incluidos los comercios en línea especializados— disminuyó cerca de 30%, pero aumentó el número total de establecimientos físicos que vendían libros, debido a su incorporación a supermercados y otros comercios. Los hábitos generales de lectura se mantuvieron relativamente estables durante la década anterior.
Estos resultados no permiten atribuir todos los cambios exclusivamente a la liberalización. El período también estuvo atravesado por la expansión del comercio electrónico, el ingreso de plataformas digitales, el crecimiento de los audiolibros y libros electrónicos y modificaciones generales en el comercio minorista. Además, las cifras aparecen en el resumen de una audiencia y no acompañadas por la metodología completa de cada evaluación.
Aclaración:
Las investigaciones no producen una respuesta única. El estudio europeo asocia el precio uniforme con mayores ventas y menor concentración, sin encontrar un incremento robusto del precio promedio. El trabajo italiano detecta precios más altos en las librerías independientes, pero también una mayor circulación de títulos y un posible aumento del bienestar del consumidor. La experiencia danesa muestra menores precios y más unidades vendidas, junto con una caída en el número de librerías especializadas. Los resultados describen intercambios entre precio, variedad, servicios y estructura comercial, y no pueden trasladarse mecánicamente al mercado argentino.