
La Cámara de Apelaciones de Río Negro ratificó la sentencia que obliga a un progenitor a abonar una cuota alimentaria equivalente a 2,6 canastas básicas de crianza para su hijo menor en Bariloche.
La jueza de primera instancia había establecido ese monto tras la demanda presentada por la madre, quien asumió de manera exclusiva la crianza cotidiana del niño.
Los magistrados señalaron que la canasta de crianza se construye con datos del Gran Buenos Aires y representa valores mínimos que no se equiparan a la realidad de ciudades como Bariloche.
La progenitora aportó detalles concretos sobre los gastos del menor –que asiste a una escuela privada– y sobre el nivel de vida del grupo familiar. Como el demandado no se presentó durante el proceso inicial ni contestó la acción en tiempo y forma, esos datos quedaron firmes y no fueron controvertidos.
El padre apeló la sentencia. Argumentó que su situación económica le impedía afrontar el pago y que no se habían analizado adecuadamente sus ingresos ni se le había dado oportunidad de defenderse.
Sin embargo, los camaristas consideraron extemporáneo su planteo: “El demandado no se presentó en el proceso de primera instancia, por lo que no controvirtió los hechos cuando debía hacerlo”, sostuvieron.
Los camaristas recordaron que era responsabilidad del progenitor comparecer oportunamente, aportar documentación sobre sus recursos y promover la prueba correspondiente, algo que no ocurrió. Un aspecto central del fallo es el reconocimiento explícito del mayor costo de vida en la Patagonia.
Los magistrados señalaron que la canasta de crianza se construye con datos del Gran Buenos Aires y representa valores mínimos que no se equiparan a la realidad de ciudades como Bariloche.
“Vivir en esta región implica gastos más elevados que en el centro del país, lo que refuerza la razonabilidad del monto fijado”, indicaron los jueces, al referirse a los costos en alimentación, vivienda, educación, salud y servicios.
Además, la Cámara tuvo en cuenta que la madre asume en forma exclusiva las tareas de cuidado cotidiano del niño, lo que impacta directamente en su capacidad de generar ingresos y, por ende, en las necesidades económicas del grupo familiar.