
Un informe de la Ministerio Público Fiscal de la Nación reveló que durante 2025 se registraron 14 secuestros extorsivos en todo el país, lo que representa el número más bajo de los últimos 10 años .
El relevamiento fue elaborado por la Unidad Fiscal Especializada en Criminalidad Organizada, a cargo del fiscal federal Santiago Marquevich, y da cuenta de una marcada reducción en comparación con años anteriores: en 2015 se habían registrado 294 hechos, frente a los 14 del último año.
Desde la UFECO explicaron que esta baja no implica la desaparición del delito, sino una transformación en su dinámica, cada vez más vinculada a organizaciones criminales que lo utilizan como herramienta dentro de otras actividades ilícitas.
Según el informe, los casos se distribuyeron en la provincia de Buenos Aires, cuatro en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tres en Córdoba y uno en Salta y Misiones, respectivamente.
Uno de los datos más relevantes es que el 64% de los secuestros registrados estuvo vinculado a estructuras de crimen organizado. En ese universo, se identificaron hechos asociados al narcotráfico, la corrupción policial y otras actividades delictivas, lo que evidencia que este tipo de delitos suele integrarse en tramas criminales más complejas.
En términos de víctimas, el informe señaló que hubo 16 personas afectadas en los 14 casos. En la mayoría de los hechos (86%) hubo una sola víctima por secuestro, mientras que en el resto se registraron dos personas cautivas.
Además, el 75% de las víctimas fueron varones y el 94% mayores de edad.
El reporte también destacó que el promedio mensual de secuestros extorsivos durante 2025 fue de 1,17 casos, el más bajo desde que se realiza este tipo de mediciones sistemáticas.
La evolución histórica muestra una caída sostenida del fenómeno: tras los 294 casos registrados en 2015, las cifras descendieron año a año hasta alcanzar los niveles actuales, con leves variaciones intermedias pero una tendencia general claramente decreciente.
Desde la UFECO explicaron que esta baja no implica la desaparición del delito, sino una transformación en su dinámica, cada vez más vinculada a organizaciones criminales que lo utilizan como herramienta dentro de otras actividades ilícitas.