Todo esto se ha vuelto tan cotidiano que no nos detenemos a pensar lo mucho que hemos avanzado. Sin embargo, cuando se trata de enviar valor monetario, el mundo se transporta de nuevo a los años 50. El sistema financiero tradicional, edificado sobre una infraestructura concebida en la era analógica, aún funciona con horario de oficina, días festivos y una maraña de intermediarios que ralentizan cada operación.
Y es precisamente ante este aspecto tan anticuado del sistema financiero “moderno” donde la tecnología blockchain marca la diferencia. Y dejando de lado el aspecto de un activo especulativo, este sistema funciona como una red de liquidación global, que funciona 24/7 y que no necesita el permiso de nadie.
Mientras todos se centran únicamente en las noticias y el precio del Bitcoin hoy, pocos están lo suficientemente atentos como para notar la revolución que está sucediendo ante sus ojos. El Bitcoin, y las criptomonedas en general, son un sistema monetario neutral, descentralizado y resistente a la censura que permite transferir valor de forma definitiva entre dos puntos cualesquiera del planeta en minutos sin necesidad de confianza.
El problema de los intermediarios y la exclusión
El sistema actual para pagos internacionales usa la red SWIFT, que ni siquiera mueve dinero, sino mensajes. Cuando alguien transfiere dinero de Europa a Sudamérica, el dinero no viaja físicamente, claro está.
Seguramente alguna vez te has preguntado qué es lo que sucede, y básicamente esta orden viaja a través de una cadena de bancos corresponsales, donde cada uno de los cuales toma una comisión, verifica y reenvía la orden. Este proceso, por lo general, es lento, y a veces sujeto a errores y bloqueos arbitrarios; es por ello que en ocasiones pueden pasar días sin que se vea el monto reflejado en la cuenta bancaria.
Todo ello sin mencionar que también excluye a gran parte del mundo que no tiene los requisitos burocráticos para abrir una cuenta bancaria.
Esta ineficiencia cuesta vidas. Según los últimos datos sobre flujos de capital, el coste medio de envío de remesas sigue siendo demasiado elevado en muchas partes del mundo, lo que perjudica a los trabajadores migrantes que intentan ayudar a sus familias.
La tecnología descentralizada da una solución donde la billetera es una app en el celular y la red no tiene favoritos por país o nivel de ingreso. Al quitar los intermediarios, el costo de transacción se convierte en el precio por espacio en el bloque, abriendo la puerta a servicios financieros básicos.
Una red abierta 24/7, no limitada al horario de los bancos
Una de las mayores diferencias entre el sistema tradicional y esta nueva red de liquidación es la disponibilidad. El dinero fiduciario tiene un horario de oficina, descansa, y por lo tanto, las transferencias bancarias no funcionan en fines de semana ni festivos.
Si tienes una emergencia un viernes por la tarde, es posible que el dinero no llegue hasta, con suerte, el lunes por la tarde. En el mundo globalizado e interconectado de hoy, esto es simplemente absurdo.
Pero, por el contrario, la blockchain nunca duerme. No existen horarios de apertura o cierre, no existen servidores centrales que interrumpan la operación. Un pago realizado a las 3 a.m. de un domingo de Navidad se procesa con la misma rapidez y seguridad que uno realizado un martes al mediodía.
Esta fiabilidad inquebrantable es esencial para el comercio global moderno y la liquidación de activos en tiempo real con garantía matemática de finalización, algo que las promesas de pago del sistema bancario no pueden proporcionar.
Escalabilidad y micropagos instantáneos
Durante años, una de las críticas a esta tecnología era su supuesta lentitud para realizar pagos del día a día, como comprar un café. La capa base de la red favorece la seguridad y la descentralización sobre la velocidad bruta, y funciona como un sistema de liquidación final de alto valor, como los bancos centrales liquidan cuentas entre sí. Pero la innovación no se detuvo ahí.
La creación de soluciones de segunda capa, como Lightning Network, ha revolucionado la utilidad de la red, ya que de esta manera es posible procesar millones de transacciones por segundo de forma casi instantánea y con comisiones tan bajas que rozan el cero, todo ello sin siquiera saturar la cadena principal.
Claramente, esto abre la puerta a nuevos modelos de negocio, como pagar céntimos por leer un artículo o recibir pagos en tiempo real por hacer streaming de contenido. Así, la red no aspira a ser una alternativa al oro digital, sino un sistema de pagos mejor que las tarjetas de crédito en velocidad y con el usuario en control de su dinero.