La presentación de un libro sobre la Justicia reunió ayer a figuras tan contrapuestas como Roberto Dromi, ex ministro de Obras de Carlos Menem, y Rafael Bielsa, principal intelecto jurídico de Carlos Chacho Alvarez. Ocurre que ambos -juristas de nota en cada una de sus especialidades- participan de los beneficios de la editorial Ciudad Argentina que dirige Dromi y que publicará el Manual de la Justicia Nacional que redactó Bielsa junto a Eduardo Graña. Ambos autores ya han editado en esa misma casa el libro Justicia y Estado, a propósito del Consejo de la Magistratura.
Pero no solo el estrado mostró a figuras tan diversas sino que la platea tuvo una composición variopinta: desde los columnistas Horacio Verbisky y Eduardo Van Der Kooy hasta el ex juez de la Corte, Mariano Cavagna y el ex conductor de televisión durante el gobierno peronista de 1973-76, Ovidio Martínez. Los orígenes peronistas de Bielsa y su militancia en el sector combativo de esa fuerza política habilitaron a una invitación tan amplia, producto -además- de la evolución política del jurista.
En ese marco, hasta pareció aceptable la presentación de Dromi que se refirió a los autores del libro como "identificados por evangelizar desde la transparencia, desde la eticidad, desde el Estado de derecho democrático y social, desde la legalidad humanista, desde la consagración del interés colectivo, desde la participación ciudadana y desde la defensa pública de las instituciones de la República".
La obra escrita se refiere a las estructuras judiciales y el nuevo reparto del Poder Judicial. El espacio de la Corte Suprema y los Tribunales Nacionales, el sitio del ministerio Público, el lugar del Jurado de Enjuiciamiento y la Jerarquía del Consejo de la Magistratura.
Bielsa en su presentación abundó en la necesidad de transformar el perfil del juez pero se mostró contrario de soluciones drásticas -muy lejos de las temerarias acusaciones efectuadas hasta no hace mucho por su referente político, Chacho Alvarez- de enjuiciamientos masivos y drásticos.
Grana explicó la intencionalidad del libro destinado a esclarecer sobre el funcionamiento practico de los tribunales y las preguntas del auditorio no abundaron en profundidad sobre el servicio de justicia, tan criticado. En suma, una presentación literaria con mucho condimento político pero acorde con el momento: sin durezas.
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