Se lo vio a media mañana en un alto shopping porteño al fiscal Pablo Lanusse. Solo y sin custodia parecía querer encontrar algo especial en alguna de las coquetas vidrieras del centro comercial. Alejado del ruido multimediático que suelen proporcionar las causas con resonancia política, parece que la calma que genera la rutina de los expedientes de simples mortales lo está aburriendo un poco. Será cuestión de esperar.
dju / dju