
Fue la mejor palabra que encontró el ministro para calmarlo a De la Rúa y tratar de salir de su propio estupor. Su ex amigo lo había acusado junto a Fernando de Santibañes -otro delarruista puro- y al influyente abogado radical, Arnoldo Klainer de presionar a un fiscal y de traficar influencias ante un camarista nacional para beneficiar a un banquero amigo del Gobierno. Pero más allá de ser el defensor de Marisa Escassany, quien le reclama $ 140 millones a su hermano Eduardo, presidente del Banco Galicia -el mayor de capitales nacionales y a punto de venderse al Santander de España- Moreno Ocampo parecía devolver indirectamente "sutilezas del Poder" que lo había alejado como proveedor de quien debiera ser su mayor cliente -el Estado-, contrataciones que no frecuenta desde su vinculación con Haroldo Grisanti, el del Correo de Cavallo, en los tiempos que combatía a Yabrán y sus funcionarios amigos.
hugo morales / dju