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El orden de los factores SÍ altera el producto


Por: Analía Zygier. Directora de Diario Judicial. @analiazygier analiazygier@diariojudicial.com

Si los cuadernos de Centeno hubieran llegado antes a las páginas de La Nación que al expediente judicial, el resultado hubiera sido solamente una buena primicia periodística y no la causa que hoy pone en jaque a la corrupción argentina. Esta vez, el periodismo y la justicia llevaron adelante una estrategia claramente cooperativa en busca del bien común.


Hay una prueba conocida. A un niño le ofrecen una golosina y le dicen que puede comerla ahora mismo o si espera sin probarla hasta que venga el maestro que saldrá del aula por algunos minutos, recibirá otra golosina más. El test es una prueba de auto control. Claramente es más beneficioso esperar y tener el doble, pero no todos lo logran. La tentación de la recompensa inmediata es demasiado grande y muchos terminan comiéndose el dulce antes de tiempo.

El periodista de La Nación Diego Cabot recibió una bolsa muy tentadora de caramelos. Tenía la opción de comérselos solo y quizá empacharse. Pan para hoy y hambre para mañana. Hubiera escrito serie de excelentes notas revelando la aparición de los cuadernos de Centeno. La Justicia, como casi siempre, hubiera tenido que correr a la liebre de atrás. Y cuando los medios de comunicación ya anduvieran por la cuarta o quinta vuelta del circuito, el juez y el fiscal estarán recién calzándose las zapatillas para ver si empezaban a correr.

Como pasó tantas veces, con el periodismo a la cabeza, estaríamos criticando a la Justicia. Por lenta, por poco eficiente, quizá hasta por corrupta. ¿Cómo puede ser que estos hechos que los medios le cuentan tan clarito a la audiencia, tarden tanto en tener resultados judiciales inmediatos?

Pero esta vez, el periodista se animó a esperar. Pudo contener su ego, su ansia de gloria, su gol de media cancha ya prácticamente hecho. Tuvo el autocontrol suficiente para pensar que en vez de comerse solito los caramelos, si compartía la información con la Justicia podía ser el fundador de una fábrica de golosinas que nada más y nada menos, llevara su nombre.

 

Si los cuadernos de Centeno hubieran llegado antes a las páginas de La Nación que al expediente judicial, el resultado hubiera sido solamente una buena primicia periodística 



Seguramente durante meses la ansiedad lo mataba. Habrá dudado una y otra vez de si estaba haciendo lo correcto. Habrá pensado una y mil veces que sucedería si la información se filtraba y perdía la primicia. O si pasarían cosas peores. Como dijo después el fiscal Stornelli "Si alguien sabía que teníamos estos cuadernos nos mataban a todos". Quizá…tal vez.

Los caramelos de la fabrica Cabot, asociado a Bonadío y a Stornelli están alimentando a cientos de periodistas. Los kilos de notas, artículos, reportajes e infografías se comparan con los kilos de dólares producto de la corrupción que circulaban en bolsos de acá para allá.

También están alimentando a decenas de otros jueces y fiscales que entre la información encontrada en los cuadernos y lo que fueron declarando distintos arrepentidos, están alimentando sus causas con datos frescos y parece que útiles y certeros. Acostumbrados a imputados que se negaban a declarar, ahora están lidiando con coros de niños cantores, que no paran de aportar pruebas de distintos delitos.

Los caramelos resultaron ser, además de dulces, bastante nutritivos. Por lo menos para el periodismo, para la Justicia y esperemos que para la Argentina. Seguramente los imputados y los arrepentidos, en cambio, no los sientan tan dulces, ellos ya venían empachados de dólares.

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